Cinestesias

Les Quatre Cents Coups, François Truffaut (1959).

Ambientada en el París de los años 50, Los Cuatrocientas Golpes es una película que resume el manifiesto cultural de una nueva forma de hacer cine desarrollada en la denominada “nueva ola” del cine Francés.
Producto de la agitación intelectual que rodeaba a Francia en la época, Truffaut nos plantea un ambiente en donde las reacciones políticas y sociales del momento se traducen en la historia de Antoine Doinel, un adolescente que encarna una clara voluntad de independencia. A lo largo del filme,
podemos ver como la gestación de la historia se nos cuenta con una sutileza que ayudan a que la experiencia de ver la película resulte en una actividad de reflexión, porque si bien la historia es la relación de incertidumbre y conflicto en el entorno social durante la convulsa etapa de la adolescencia, el entorno de la época y la sencillez de la vida de Doinel se nos presenta con una sinceridad grandiosa.
Truffaut le da la voz a una edad que hasta entonces se plasmaba como muda.
La nueva ola del cine francés se caracteriza por llevar el cine a las calles, por capturar la cotidianidad, y Los 400 Golpes es un testimonio visual de una etapa de la vida en donde se busca libertad, y la libertad del personaje principal es representada así como la libertad del cine francés.
Los elementos estéticos que tiene el largometraje, trabajan en conjunto de la articulación de esta especie de (fr)agilidad que produce el personaje principal. Un ejemplo de aquello es la música empleada en el filme, la banda sonora llevada a cargo por Jean Constantin amplía y enriquece el elemento simbólico de la película, se traduce como una de las expresiones espaciales del largometraje
del director francés. Esto, debido a que, la presencia de dicha música nos envuelve en el mundo del personaje principal y del mismo modo nos persuade a un mundo de desvaríos y juventud que constituyen el espacio de la sociedad y la forma de vivir del momento. Del mismo modo, el organismo
vivo que representa toda la película en general se alimenta de la vida de cada uno de los detalles que muestra. El arte, el guión y el montaje edifican todo un manifiesto de esta especie de renacer del cine, y esto es algo que nos permite sentir el pulso de la vida desde una mirada de cercanía y el renacer resulta
ser también un asunto del espectador.
Algo importante a resaltar dentro de esta película, es su apuesta por una planimetría en donde los planos se realizan a la altura de Antoine -que si bien es el personaje principal esta decisión en la fotografía crea toda una experiencia de empatía y complicidad con las acciones que realiza. El refugio de las calles, de practicar el ejercicio de la soledad en un cine estando solo a las 3 de la tarde, de
esconderse en un libro, hacen de Antoine un retrato de los años en donde la vida es una constante pregunta.
En definitiva, Los Cuatrocientas Golpes es una película que nos mira a los ojos.

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